Lev Nikoláyevich Tolstói

Lev Nikoláyevich Tolstói
(1828–1910)

Tolstói y Fiódorov se conocían personalmente: entraron en contacto a finales de la década de 1870 en el Museo Rumiántsev, donde Fiódorov trabajaba como bibliotecario, y se hicieron más cercanos a partir del otoño de 1881. Por sugerencia de Fiódorov, Tolstói entregó al museo sus manuscritos para su custodia. Hablaba de él con un respeto poco habitual en él: «Me enorgullece vivir en la misma época que un hombre así».

Pero el respeto iba dirigido al hombre, no a la doctrina, y Tolstói lo dice sin rodeos. En una carta a V. I. Alexéyev (noviembre de 1881) sobre el plan fedoroviano de la resurrección universal, escribe: «no comparto ni he compartido nunca sus ideas, pero las he entendido de tal manera que me siento capaz de defenderlas ante cualquier otra creencia que tenga un fin externo». Al propio Fiódorov lo llama allí mismo el cristiano más puro en su modo de vida: un pobre que lo da todo, siempre alegre y manso.

Tolstoyismo

Tolstói no fue solo escritor, sino también creador de una doctrina religioso-moral, nacida de su propia lectura del Evangelio. Sus principios fundamentales:

— La no resistencia al mal mediante la violencia. Principio central, basado en las palabras del Sermón de la Montaña (Mt. 5:39): al mal no se le puede responder con el mal; la violencia como respuesta a la violencia solo la prolonga.

— La simplificación. El rechazo del lujo, los privilegios de clase y el orgullo intelectual en favor de una vida sencilla y laboriosa, cercana a la campesina. Para un conde y gran terrateniente, esto significaba renunciar a su propia posición: en 1891 Tolstói renunció públicamente a los derechos de autor de todo lo escrito después de 1881, y en 1892 repartió sus bienes entre su esposa y sus hijos.

— Crítica del Estado y de la Iglesia oficial. Tolstói consideraba al Estado un aparato de violencia (ejército, tribunales, policía), y a la Iglesia oficial, una institución que había desvirtuado la enseñanza de Cristo. En febrero de 1901, el Santo Sínodo publicó una resolución sobre el conde Lev Tolstói que constataba su apartamiento de la Iglesia; las palabras «excomunión» y «anatema» no aparecen en el texto, aunque en el uso corriente este acto se llama excomunión.

Divergencia con Fiódorov

Para Tolstói, lo principal es la transformación moral, la «resurrección» espiritual del hombre aquí y ahora, en vida: mediante el rechazo del egoísmo, la propiedad y el poder, mediante el servicio a Dios y a los hombres. La muerte, en este sistema, no es un problema que se resuelva con medios externos; la cuestión está en cómo vive el hombre, no en lo que hará con la naturaleza.

En Fiódorov el vector es el opuesto: hacia afuera y hacia atrás. La Obra Común no apunta a la autoperfección del individuo, sino al trabajo conjunto de las generaciones; y no al futuro como tal, sino al pasado: el deber de los hijos vivos es devolver la vida a los padres muertos. Los medios, en este caso, son por principio externos: la ciencia, la regulación de la naturaleza, la acción organizada de toda la humanidad. Fiódorov no rechazaba el Estado ni la Iglesia, sino que veía en ellos posibles partícipes de la Obra Común, es decir, exactamente las instituciones que Tolstói negaba.

La ruptura resultó mutua. Con el tiempo, Fiódorov se distanció bruscamente de Tolstói: lo repelían los motivos anticlericales de los escritos tolstoístas y lo que él consideraba falta de patriotismo; en los artículos de Fiódorov abundan los ataques contra Tolstói.

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